Nuevas reflexiones en torno a la fotografía

fotografía callejera en nueva york

Parece que fue ayer…

Por fin doy por finalizado ese “hasta luego”. El tiempo de espera ha terminado y aquí estoy, de nuevo, con toda la familia de fotografiarte. Una de las mayores alegrías que puede uno tener es la que me ha proporcionado don Mario Arias, el comandante de esta extraordinaria tripulación que es “fotografiarte”, al recordarme que se echaban de menos mis aportaciones del foro — sinceramente, me halaga, y sobre todo, me anima a seguir sacando al foro mis reflexiones internas, algunas de ellas  atolondradas por no usar el término de “surrealistas”. Aunque, la mayor parte de las veces, el tiempo ha demostrado que estaba equivocado.

Anoche entregué el manuscrito definitivo al equipo editorial que pondrá en el mercado mi próximo libro —(no debo de ser el único que califique de “próximo” al primer libro que publica)— . Pues eso, mi primer libro sobre fotografía, que curiosamente no lleva más que una fotografía ilustrativa, que es precisamente la de la portada.

fotografía callejera en nueva york
Foto obtenida en una noche de marzo del 2011, deambulando por las gélidas calles de Nueva York

Antes de daros  — y darme a mi mismo— la bienvenida, he pasado la mañana releyendo todos pequeños artículos que había escrito en el pasado para esta sección. Mi sorpresa, ha sido caer en la cuenta de que tampoco he cambiado yo mucho. Todo lo que leo, en la mayoría de los casos, puedo sentir que lo mantengo; si acaso, soy algo mas viejo pero no por ello más radical sino todo lo contrario.

El último articulo, con fecha del 3 de mayo del 2020, lo escribí en pleno confinamiento, cuando todos teníamos las terminales extrasensoriales al punto de su máxima actividad; cuando veíamos que la muerte, con su guadaña bien afilada, empezaba a llamar a la puerta de mucha gente cercana a nosotros. En aquella última entrada recomendaba convertir nuestro hogar en un plató, nuestro pasillo en la gran vía, para ejercer aquello que llaman fotografía callejera, —o “street photography”—. Aunque yo lo seguiré llamando “retrato urbano”. Uno tiene sus manías, entre ellas está el de apreciar demasiado a su idioma natal, es lo que tiene vivir más de quince años en un país extranjero—.

También hablaba de Giorgio Morandi, uno de mis pintores mas apreciados que a muy poca gente de mi entorno gusta, precisamente porque se pasó toda su vida pintando las mismas jarritas, las mismas tazas y copas y las mismas cajitas de cartón, que colocaba en distintos lugares del hogar que compartía con sus hermanas. Sin embargo, pocos pintores han sabido leer la luz del modo como lo hizo Morandi.

No sé lo que habré cambiado, o si mi fotografía es mejor o peor a la de hace dos años; lo que si puedo deciros es que hoy tengo junto a mí a una vieja cámara “Voigtländer Vito CL”; similar a que le robaron a mi padre en un aeropuerto— ebay, me la ha proporcionado por 20 euros, más gastos de envío—. La misma en la que se ubicó el primer carrete de 35 mm que disparé en mi vida (tendría yo entonces 12 o 13 años). Su fotómetro interno  no funciona — en realidad si funciona, la aguja se mueve, pero sé que si confío en él no acertaré en ninguna fotografía—. Es lo que tiene el selenio, que, al igual que las personas también sufre los achaques de la vejez — se trata de una cámara fabricada en 1964—. El caso es que “la Vito”padece algo comparable a “cataratas” o a un desprendimiento de retina, y la pobrecilla no ve bien. Para mí este detalle no supone problema alguno, ya que con los años terminamos instalando un infalible fotómetro en nuestra cabeza —como tantas madres que con sólo posar su mano en la frente de su hijo saben la temperatura que tiene—. Lo importante es, eso sí, saber de qué ASA  es la película que instalé hace más de un mes en sus entrañas; creo que es de 100 pero no estoy muy seguro; pudiera ser de 400. Hasta el día en que termine ese carrete no lo sabré. De momento saldré hoy a la ciudad para sacar un par de fotografías, arriesgando con un el 100 asa en mi fotómetro cerebral. Si luego resulta que puse un cuatrocientos, pues mala suerte, saldrán dos puntos sobre-expuestas: seguramente quemadas. Y como en estos casos hablar de “raw” no tiene sentido, pues habrá que hacer como hacían los fotógrafos en tiempos de Giorgio Morandi: volver a cargarla y la próxima vez no cagarla. La próxima me comprometo a apuntar la sensibilidad en uno de esos papeles amarillos que se pegan en la nevera o en el marco de la pantalla del ordenador. Imagino que muchos estaréis pensando en forzar el asa en el proceso de revelado, …. mejor, eso lo dejamos para otro post.

mi voigtländer Vito CL, del año 1964
 Mi nuevo diario de imágenes en los próximos meses va a salir de las entrañas de esta legendaria  Voigtländer Vito 

Otro achaque que padece mi “voigtländer” ,—y ese es bastante más serio—, está en su “gatillo”. Porque no lleva botón de disparo sino una especie de palanca de cambios en su cara frontal; ubicada, justo en la zona en la que las cámaras que todos conocemos suelen colocar los botoncillos más prácticos a “accesibles” ergonómicamente. El caso es que por momentos uno cree que debe haber algún sistema de embrague previo para poder accionar una palanca de disparo tan extremadamente dura; puesto que  tal y como está la cámara, cuando uno aprieta tiene que hacer una contrafuerzahaciarriba y en efecto contrario para que la foto no salga movida. —Es casi tan dura como mover aquellos volantes del SEAT mil quinientos de antaño—. Cualquier otro fotógrafo la habría dado por imposible, pero la cuestión es que uno desde siempre tiene predilección por las fotos movidas, y cuando digo movidas lo digo en la más extensa amplitud del término, esto es : primero, que el motivo se mueva; segundo, que el fotógrafo también se mueva; y  tercero ,que con el kilo de presión que hay que aplicar a ese disparador, la cámara también se mueva. ¡¡¡Un completo anti-estabilizador de 3 ejes!!!. El resultado, cómo no, es… ¡sorprendente!, como los lienzos de Jackson Pollock. Puntualicemos que sorprendentes saldrán, una o dos fotos, por cada  carrete de 36. A  las 34 restantes habrá que echarle mucha imaginación o echar mano de esa designación tan recurrente que consiste en considerarlas como: ensayos, pruebas. En realidad son fotos de las que nos avergonzamos, aquellas que pensamos que arruinan nuestra reputación, y que en realidad son: —¿el 90 por ciento?

Soy de los que siguen pensando que una máquina de hacer fotos no es más que una cámara, esto es, un caja totalmente opaca en cuyo interior suceden cosas, cosas que son misteriosas, magnéticas, mágicas; y que además, tal magia se ve enriquecida con los sonidos de un espejo que golpea con mayor o menor brusquedad dependiendo del modelo y del formato; y con obturadores que en algunos casos llegan a producir ese efecto placebo similar al de los pistones del motor de una “Harley”. Consiste en una verdadera sinfonía interpretada por múltiples intérpretes: así la cámara es un “artilugio” del que emanan sonidos embriagadores, como espacios en blanco, silencios. Son los momentos en los que nos enfrentamos “cara a cara” al alma de la naturaleza; o nos enfrentamos al espíritu de una ciudad, con las melodías del viento en las distintas estaciones del año, o con el crujir de nuestros zapatos contra la hojarasca de otoño, contra la escarcha del invierno: todo eso y mucho más, sucede, en el interior de mi voigtländer.

En esta ocasión, he escogido la imagen que será la portada para mi próximo libro. Tampoco hay que explicarla, pienso que el título lo dice todo (Ciclista en N.Y), así como creo que contiene todos los ingredientes que, en mi caso, supone el “acto de fotografiar”.  Lógicamente  la función de esta “voigtländer Vito” que hoy protagoniza esta capítulo, no es otra que la de rellenar esos huecos libres, de disfrute, poéticos, pero en ningún caso es mi herramienta de trabajo: para eso quisiera poder tener esa última Hassel que Mario Arias nos ha presentado estos días. Tan sólo quedaros con la idea que en este post se haya encriptada: las fotos movidas también tienen su magia .

Quisiera animaros a intervenir en esta nueva etapa de reflexiones en torno a la fotografía, que hoy y aquí retomo en este el foro de Fotografiarte. Mi intención es publicar un artículo cada semana , con un tema , con un material en el que tengáis vosotros cosas que aportar, cuestiones que formular y, por supuesto, correcciones que hacerme a mí. Pondré pocas fotos, ya que quisiera ofrecer un espacio en el que las palabras y las reflexiones tengan su prioridad  y que nos ayuden a todos a crecer como fotógrafos.

¡Un cordial saludo “fotografinautas”!

(Múnich, 26 septiembre del 2022)

Nani Boronat.

 

 

 

 

Soy pintor- escultor de profesión , fotógrafo por oficio acercándome a la tercera década de dedicación a esta apasionante oficio . No he sabido hacer de la fotografía mi profesión puesto que la mirada de pintor que poseo perjudica seriamente a la salud fotográfica.

2 thoughts on “Nuevas reflexiones en torno a la fotografía

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