José María Mellado: del Cabo de Gata a las grandes galerías

Hay nombres que marcan una época en la fotografía española y el de José María Mellado es, sin duda, uno de ellos. Paisajes urbanos y naturales, exposiciones internacionales, libros que se han convertido en auténticas biblias técnicas y una capacidad poco común para hablar de fotografía con claridad y sin rodeos. Mellado no solo dispara, también reflexiona y comparte, y lo hace con una mezcla de experiencia y franqueza que lo ha convertido en referente para varias generaciones.

En nuestra entrevista para el canal de YouTube de Fotografiarte, repasamos su recorrido desde los primeros disparos con una Zenit rusa en Cabo de Gata hasta sus proyectos más recientes con Hasselblad y Phase One. Entre anécdotas y confesiones, Mellado habló de lo que significa ser amateur o profesional, del salto de la película al digital, de la fotografía “a fuego lento” del formato medio y de por qué lo importante no es la cámara, sino la mirada. Una charla llena de momentos memorables que merece la pena leer de principio a fin.

Nuestra entrevista en el sofá de Fotografiarte a José María Mellado

De Cabo de Gata a Madrid: los primeros disparos

Todo empezó con 14 años en las dunas de Cabo de Gata. Armado con una Zenit rusa y un trípode Velbon, Mellado descubrió la magia de congelar instantes en blanco y negro. Aquella afición adolescente se convirtió pronto en obsesión. “Era mi hobby”, reconoce. En Almería, el contacto con la fotografía era limitado: apenas fascículos de una enciclopedia Planeta y mucho ensayo-error.

El gran salto llegó con su llegada a Madrid, cuando ingresó en la Real Sociedad Fotográfica. El contraste fue brutal: de la soledad autodidacta en Almería a compartir espacio con gigantes como Cristina García Rodero, Castro Prieto o Paco Gómez. Mellado lo describe como un catalizador: estar cerca de los mejores te obliga a crecer. Allí se curtió en fotografía de reportaje, lo que hoy llamaríamos street photography, con su Canon EOS 1 de película.

El “concursero” que encontró su camino

En esos primeros años, Mellado era un habitual de concursos, con reconocimientos en certámenes locales y nacionales. “Fui muy concursero”, admite. Pero el punto de inflexión vino de un consejo de Carlos Pérez Siquierquier: sus fotos de reportaje estaban bien, pero no tenían sello propio; en cambio, su serie de arqueología industrial en blanco y negro sí mostraba una visión distinta. Esa conversación marcó el rumbo: abandonar el reportaje como aspiración principal y centrarse en el paisaje arquitectónico y, más tarde, en la naturaleza.

El giro no tardó en dar frutos. Ganó el Premio ABC de Pintura y Fotografía y expuso en el stand de la feria ARCO. Con ello, pasó del circuito amateur al mundo del arte profesional, donde las reglas, el público y los retos son completamente diferentes.

Amateur vs profesional: la fotografía sin presión

Uno de los momentos más potentes de la entrevista llegó al hablar de la eterna dicotomía: ¿vivir de la fotografía o disfrutarla como aficionado? Mellado no titubea: “La mejor manera de disfrutar de la fotografía es siendo amateur”. Su argumento es sencillo: el profesional trabaja con plazos, clientes y la obligación de rentabilizar; el aficionado tiene libertad para experimentar y dedicar el tiempo necesario.

De hecho, recuerda que muchos referentes empezaron como amateurs: Cristina García Rodero era profesora de Bellas Artes, Chema Madoz trabajaba en banca y Carlos Pérez Siquier también venía del mundo financiero. Para Mellado, el amateur no es un “fotógrafo menor”, sino alguien con las mejores condiciones para alcanzar la excelencia.

El mito del equipo y los caprichos caros

Otro de los dardos de la charla fue hacia la idea de que los amateurs tienen menos acceso a buen equipo. Según Mellado, ocurre justo lo contrario: “La gente que más dinero gasta en equipo son, de lejos, los aficionados”. Mientras que el profesional exprime su cámara hasta el final, el aficionado cambia de modelo en cada lanzamiento, movido por el capricho y la ilusión de estrenar.

Lo ilustró con humor recordando la llamada de un primo que aún usaba una Canon EOS M: un ejemplo perfecto de cómo la industria ha ido mareando con sistemas y monturas nuevas, y cómo muchos amateurs han invertido fortunas persiguiendo “lo último”.

De la película al digital: revolución en el laboratorio

Si algo marcó un antes y un después en la carrera de Mellado fue la llegada de la fotografía digital. Hasta entonces, trabajaba en blanco y negro porque el color en laboratorio era prácticamente inviable para un aficionado. La irrupción del digital le permitió aplicar sus técnicas de ajuste por zonas a imágenes en color.

Ese fue el germen de su primer libro, que enseñaba a los fotógrafos a interpretar un negativo o una captura digital en el ordenador. “La democratización no fue del color, fue de la edición fotográfica en general”, afirma. El impacto fue enorme: de repente, cualquiera podía conseguir resultados que antes estaban reservados a los laboratorios de élite.

Mellado fue de los primeros en experimentar a fondo con lo digital, y hoy sigue viendo esa transición como el gran salto de las últimas décadas. Para él, las sin espejo han sido el último gran avance real; el resto son mejoras graduales que no cambian la esencia.

El formato medio: fotografía a fuego lento

Mellado es conocido también por su relación con el formato medio, trabajando con equipos de Phase One o Hasselblad. Pero lo defiende no tanto por el tamaño de las copias —recuerda que ha expuesto obras gigantes hechas incluso con un iPhone— sino por lo que implica el proceso.

Más resolución significa más sensibilidad a la trepidación, trípodes enormes y hasta trucos como usar un láser verde para comprobar vibraciones. Todo ese ritual convierte la toma en un ejercicio de calma y concentración. “El formato medio te permite hacer una fotografía más reflexiva”, resume. Un contrapunto frente al disparo rápido y compulsivo de otros géneros.

Blanco y negro vs color: cuestión de lenguaje

Pocos debates generan más discusiones que la eterna pregunta: ¿mejor blanco y negro o color? Mellado zanja el asunto con contundencia: “No hay fotos a las que les vaya mejor el blanco y negro y fotos a las que les vaya mejor el color. Eso es una estupidez”.

Para él, se trata de un lenguaje, no de un filtro. El blanco y negro fue su escuela, pero el color se convirtió en su forma de expresión y en su estilo reconocible. “Si quieres un estilo propio, tienes que elegir un lenguaje y mantenerlo. De lo contrario, tu trabajo no será reconocible”.

Consejos para quienes empiezan

En la recta final de la entrevista, Mellado quiso dejar un mensaje para las nuevas generaciones de fotógrafos. Subrayó la importancia de recibir una formación sólida en centros de calidad, de elegir con cuidado temas que resulten relevantes para la sociedad —desde el feminismo hasta la desigualdad o el cambio climático— y, sobre todo, de no perder nunca la pasión, incluso cuando la fotografía se convierte en una profesión.

Respecto a las salidas laborales, apuntó a la fotografía de arquitectura y al reportaje social como ámbitos que siguen ofreciendo oportunidades. Sin embargo, insistió en que lo fundamental es mantener vivo el entusiasmo, porque cuando la fotografía se convierte en una obligación es fácil que se diluya el placer que la hizo nacer en primer lugar.

Una trayectoria en constante evolución

Desde aquella Zenit rusa hasta las Hasselblad X2D actuales, pasando por concursos, premios, libros y exposiciones internacionales, la carrera de José María Mellado es un ejemplo de cómo la fotografía puede ser a la vez oficio, arte y pasión. Con su discurso claro y sin rodeos, Mellado no solo comparte imágenes, sino también una forma de entender la fotografía como lenguaje y como experiencia vital.

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