Hay quien invierte en pisos, otros en criptomonedas… y después están los que prefieren gastarse el equivalente a una mansión en una cámara de hace más de un siglo que, ojo, ni enfoca sola ni graba vídeo. El pasado 27 de junio, durante el Leica Century Event en Wetzlar, un prototipo de Leica 0-Serie —la mítica nº 112— alcanzó la friolera de 7,2 millones de euros en la Leitz Photographica Auction. Sí, has leído bien: siete coma dos millones, buyer’s premium incluido, por una pieza que fue fabricada en 1923 y que nunca imaginó que acabaría codeándose con Ferraris y áticos en precios.
No hablamos de cualquier Leica vieja. Este ejemplar, según el archivo histórico de la marca, fue entregado directamente a Oskar Barnack, el ingeniero que ideó la cámara de 35 mm que cambiaría la fotografía para siempre. Apenas se construyeron entre 101 y 125 unidades de la serie 0 como prototipos previos al Leica I, y se calcula que sobreviven menos de una docena. Para los coleccionistas, es algo así como encontrar un negativo original de Cartier-Bresson… y que además lleve su firma.
La casa de subastas estimaba que la pieza podría alcanzar entre 1,5 y 2 millones de euros, pero la puja se disparó sin control. El resultado: segunda cámara más cara jamás vendida, solo superada por otra Leica 0-Serie —la nº 105— que en 2022 batió el récord con 14,4 millones de euros. Lo mejor de todo es que esta nº 112 está en estado funcional, aunque sería difícil imaginar a su nuevo propietario usándola para fotografiar la paella del domingo.

Un prototipo que definió el futuro
La Leica 0-Serie de 1923 fue un experimento que, sin saberlo, sentó las bases de la fotografía tal y como la entendemos. Construida a mano en la fábrica de Ernst Leitz en Wetzlar, incorporaba un obturador de plano focal con velocidades de 1/20 s a 1/500 s, montura para objetivos de rosca 39 mm y el mítico Anastigmat 50 mm f/3,5 diseñado por Max Berek. Era compacta, ligera y rompía con los formatos de placa y rollo de la época, lo que la convirtió en una revolución silenciosa.
El ejemplar subastado mantiene todos sus componentes originales, incluido el grabado de número de serie y el acabado en latón ennegrecido que, tras un siglo, luce con una pátina que muchos fotógrafos intentan recrear hoy a base de golpes y arañazos “controlados” en sus cámaras digitales.
El fetiche de las Leica en el mercado de coleccionismo
No es la primera vez que una Leica protagoniza titulares de récord, y probablemente no será la última. La combinación de historia, diseño y escasez convierte a estos modelos en auténticos lingotes con visor. Para ponerlo en perspectiva: con 7,2 millones podrías comprar unas 240 unidades de la Leica Q3 43 nuevecita… o una flota entera de Canon R3 con sus ópticas tope de gama. Pero nada de eso tiene el valor intangible de decir que en tu vitrina reposa un trozo de historia que pasó por las manos de Barnack.
- Leica 0-Serie nº 105 (1923): 14,4 millones de euros en 2022, la cámara más cara de la historia. También perteneció a la primera hornada de prototipos de Barnack.
- Leica M3D de David Douglas Duncan: 2,2 millones de euros en 2012. Una M3 personalizada para el mítico fotoperiodista de guerra.
- Leica MP Black Paint de Jim Marshall: 1,6 millones de euros en 2020. Con el desgaste y arañazos de décadas en conciertos de rock.
- Leica Luxus II: 620.000 euros en 2013. Edición chapada en oro y cuero de lagarto, fabricada en los años 30.




