Si miro atrás, mi camino en la fotografía no ha sido nada lineal. Empecé sin tener muy claro hacia dónde iba, pasé por distintas etapas y durante años trabajé en algo que funcionaba, pero que no terminaba de llenarme.
Con el tiempo, entre viajes, experiencias y decisiones personales, fui reconectando con una parte de mí que siempre había estado ahí: mi conexión con los animales y con la naturaleza. Algo que había tenido desde pequeña, pero que no había sabido integrar del todo en mi vida.
Todo eso ha acabado tomando forma en lo que hago hoy y, sobre todo, en un proyecto muy personal: el Proyecto 37.

Cómo empecé en la fotografía
Mi relación con la fotografía empezó con 19 años, cuando tuve mi primera cámara semirreflex. No tenía ningún plan ni intención concreta, simplemente me llamaba mucho la atención. Siempre he sido una persona bastante creativa, me gustaba dibujar, imaginar cosas, observar, y la cámara fue una forma más de expresar todo eso.
Recuerdo perfectamente el momento en el que vi a un amigo enseñando su cámara nueva y sentí unas ganas tremendas de tener una. A partir de ahí empecé a probar sin parar. Hacía fotos a mis amigos, a sus perros, a mi perrita África, que siempre fue mi musa, y cuando viajaba me gustaba mucho fotografiar animales y naturaleza, aunque en ese momento no lo veía como algo a lo que dedicarme.
También me metí bastante en la edición, sobre todo con Lightroom, pero al principio más como un juego que como algo serio. Probaba de todo, muchas veces sin ningún sentido, simplemente por experimentar.
Con el tiempo, amigos y conocidos empezaron a pedirme sesiones de fotos, primero cosas sencillas y luego ya parejas, embarazos y más adelante bodas. Sin darme cuenta, con unos 24 años ya estaba trabajando como fotógrafa de forma bastante estable.

Cuando algo no termina de encajar
Durante varios años me dediqué a la fotografía retrato y bodas, y aunque era algo que funcionaba y que a la gente le gustaba, yo sentía que no terminaba de llenarme. No era que no me gustara, pero tenía la sensación de que no era realmente lo que quería hacer.
En paralelo, en mi tiempo libre, iba probando otros estilos. Siempre me había llamado mucho la atención viajar, desde pequeña soñaba con ir a lugares como Islandia, África o el Amazonas, leía historias de fotógrafos y reporteros y me imaginaba viviendo algo así, pero con los años ese sueño se había ido apagando bastante. La fotografía fue lo que hizo que volviera a conectar con esa parte de mí.
Uno de los primeros viajes que me marcó fue Costa Rica cuando tenía 22 años. Allí ya me fascinaba fotografiar animales y naturaleza, sentía algo especial, incluso llegué a pensar que me gustaría vivir allí. Pero en ese momento no fui más allá.


El punto de inflexión real
El cambio de verdad vino años después, cuando volví a Costa Rica con 35 años. Ese viaje fue el que lo cambió todo. El hecho de llevar un Sony 200-600, de poder acercarme a los animales de otra manera, de observarlos con más detalle, hizo que conectara completamente con ese tipo de fotografía. Fue la primera vez que sentí que estaba haciendo algo que realmente tenía sentido para mí.
Cuando volví, lo tenía claro. No sabía exactamente cómo iba a hacerlo, pero sí sabía que ese era el camino.
Durante unos meses estuve ahorrando y en junio de 2025 compré mi propio Sony 200-600. Ese momento fue como un inicio real. A partir de ahí empecé a salir más al campo, a observar, a aprender y a construir poco a poco.


Cómo trabajo actualmente
A día de hoy me sigo considerando bastante nueva en la fotografía de fauna. Es verdad que mucha gente me escribe diciendo que conecta con mis fotos o que le transmiten muchisima emocion, pero yo soy muy consciente de que todavía tengo muchísimo que aprender. Y en realidad eso también forma parte del proceso.
Cada salida es diferente, da igual si voy a un hide, a un viaje o simplemente al campo que tengo cerca de casa. El día antes siempre estoy igual, nerviosa, con ganas, pensando en si voy a ver al animal o no y en qué condiciones voy a poder fotografiarlo.
Intento prepararme bastante. Estudio al animal, utilizo fototrampeo para ver sus movimientos, leo, veo documentales, analizo fotos de otros fotógrafos y pienso qué tipo de imágenes me gustaría intentar hacer.

Pero también hay una parte mental que para mí es muy importante. Siempre intento recordarme dos cosas: ir con calma y no obsesionarme solo con la foto.
Aun así, cuando estoy en campo sí que sigo una especie de orden mental que me ayuda bastante: primero intento el retrato, luego fotos de entorno, después acción o comportamiento y finalmente detalles. Cuando consigo tener un poco de todo eso en una sesión, siento que ha sido un día completo.
También hay que aceptar que en fotografía de fauna hay muchos días en los que no te llevas nada. Y otros en los que sí. Y algunos pocos en los que todo sale perfecto. Es parte del juego.
La importancia de la ética en la fotografía de fauna
Para mí este es un tema clave y también bastante complejo. No creo que exista una fotografía de fauna completamente “pura”, porque siempre hay una intervención humana de alguna forma. Pero eso no significa que todo valga.
Antes de ir a un sitio intento informarme bien, entender cómo funciona, qué tipo de interacción hay con los animales y qué impacto puede tener. Creo que es importante hacerse preguntas como si estamos generando estrés, si estamos invadiendo demasiado su espacio o si ese comportamiento que estamos fotografiando es realmente natural.

También hay situaciones, como algunos hides, en las que hay alimentación controlada o condiciones preparadas. No todos funcionan igual, y ahí creo que lo importante es entender si están bien gestionados, si no generan un impacto negativo en el animal y si ese entorno sigue permitiendo comportamientos naturales.
Soy fotógrafa de fauna, y mi objetivo es observar, aprender y contar lo que veo a través de la imagen, intentando hacerlo siempre desde el respeto. No creo en una postura extrema de todo o nada, pero sí en una forma de trabajar consciente y honesta. Al final, para mí la clave está en el impacto que generas.
Mi relación con los animales
Desde pequeña los animales han sido una parte muy importante de mi vida. Siempre he estado muy conectada a ellos, desde jugar con peluches hasta convivir con mis perros, que han sido una parte clave en reconectarme con la naturaleza en muchos momentos.
También estuve como voluntaria en Santuario Gaia durante sus primeros años, y esa experiencia me acercó todavía más a entender a los animales de otra forma. Pero no fue hasta que uní esa parte con la fotografía cuando realmente sentí que todo encajaba.
Durante mucho tiempo había sentido como un vacío, como si me faltara algo, y al empezar a fotografiar fauna fue la primera vez que sentí que estaba haciendo algo que tenía sentido de verdad para mí.
El origen del Proyecto 37
Todo esto terminó de tomar forma con algo mucho más personal. En 2023 perdí a mi prima, que tenía 37 años. Fue una de las personas más importantes de mi vida, alguien que siempre me apoyó en mis ideas y con quien compartía muchas conversaciones sobre viajes, naturaleza y sueños.
Ese momento fue muy duro, pero también hizo que me replanteara muchas cosas. Sentí que tenía que hacer todo aquello que siempre habíamos hablado, que no podía seguir dejando las cosas para más adelante. Así nació el Proyecto 37.
La idea es crear 37 fotografías de animales, cada una conectada de alguna manera con personas importantes de mi vida. El número viene de las 37 primaveras que vivió mi prima, y el proyecto empieza justo en el año en el que yo cumplo esa edad. La última imagen será un tigre, que era su animal favorito.

Qué quiero transmitir con este proyecto
Para mí este proyecto no es solo una serie de fotografías. Es una forma de entender la fotografía y también la relación con la naturaleza.
Me gustaría que las personas que vean estas imágenes puedan ver a los animales de otra forma, no como algo lejano o decorativo, sino como seres que merecen respeto y que tienen mucho más en común con nosotros de lo que pensamos.
También quiero que se entienda que la fotografía puede ser una herramienta muy potente para acercarnos a la naturaleza, siempre que se haga desde un enfoque respetuoso.
No se trata de acumular fotos o de demostrar que has estado en un sitio, sino de realmente conectar con lo que estás viendo.

El papel de la edición en mi fotografía
La edición es una parte importante de mi proceso, pero intento que siempre esté al servicio de la imagen y no al revés. Para mí el color tiene mucho peso a la hora de transmitir. No busco exagerar ni transformar la realidad, sino potenciar la emoción que ya está en la foto.
Antes de editar intento analizar qué necesita la imagen, qué quiero destacar y hacia dónde quiero dirigir la mirada. A partir de ahí trabajo principalmente con máscaras, ajustes de color y curvas. Muchas veces no tenemos la luz perfecta o la situación ideal, y la edición puede ayudarte a mejorar eso sin perder naturalidad.
Mi equipo fotográfico actual
Actualmente trabajo con una Sony A7 V y dos objetivos principales: el Tamron 28-75mm y el Sony 200-600mm, que es el que más utilizo para fauna.
También utilizó trípode y gimbal de Leofoto, una mochila PGYTECH para transportar todo el equipo, una DJI Osmo Action 5 pro, dron DJI mini 4 pro y entre otros materiales como filtros, discos duros, tarjetas SD esenciales para mi trabajo.
Tengo intenciones de comprar nuevos objetivos y ampliar mi trabajo como por ejemplo en macro o en otras circunstancias como la fotografía subacuática, pero sinceramente con mi equipo ya me siento completa para poder trabajar.

Mirando hacia adelante
No sé exactamente hasta dónde voy a llegar con todo esto, pero sí tengo claro que es un camino que estoy construyendo con muchas ganas y con mucha ilusión.
Siento que por primera vez estoy alineada con lo que hago, que tiene sentido para mí y que además puedo compartirlo con otras personas.
Y si con ello consigo que alguien mire a la naturaleza de una forma más respetuosa o se interese más por ella, entonces todo esto ya habrá merecido la pena.

