La misión Artemis II sigue usando una cámara DSLR de hace 10 años


Hay algo que descoloca y, al mismo tiempo, encaja perfectamente en la imagen de la Tierra que está circulando estos días. Aquí abajo seguimos atentos a cada novedad, a cada sensor más grande o a la siguiente revolución prometida, pero la foto que todo el mundo está mirando ahora mismo no viene de lo último del catálogo. Está hecha con una cámara de hace diez años. Y eso, si lo piensas un momento, tiene bastante más sentido del que parece.

La misión Artemis II ha devuelto una de esas imágenes que no necesitan demasiado contexto para impresionar. La Tierra vista desde el espacio profundo, parcialmente en sombra, rodeada de estrellas y con ese borde luminoso que dibuja la atmósfera. Pero más allá del impacto visual, hay un detalle que inevitablemente llama la atención: el equipo utilizado.

Porque sí, esa fotografía está hecha con una Nikon D5. Una réflex de 2016. Y no, no es una elección casual ni una solución provisional.

Por qué sigue ahí la Nikon D5

La Nikon D5 no es precisamente una desconocida. Fue durante años la cámara profesional de referencia dentro del catálogo de Nikon, pensada para fotografía deportiva, prensa y situaciones donde fallar no es una opción. Sensor full frame, 20,8 megapíxeles y, sobre todo, un rendimiento en sensibilidades altas que sigue siendo difícil de igualar incluso hoy.

En el caso de Artemis II, ese punto es clave. Las imágenes más llamativas no son las típicas fotos iluminadas del planeta, sino aquellas en las que la Tierra aparece en su parte oscura. Ahí es donde la cámara tiene que trabajar al límite, con valores de ISO muy altos y tiempos de exposición que en cualquier otra situación serían delicados de manejar.

Y es precisamente en ese terreno donde la Nikon D5 sigue funcionando mejor de lo que muchos esperarían. No porque sea la más moderna, sino porque fue diseñada con una prioridad muy clara: rendir cuando la luz desaparece.

Nikon Z9
La mirrorless profesional de Nikon que ya está en el espacio. Sensor apilado, ráfaga extrema y un sistema preparado para lo que venga… incluso fuera de la Tierra.
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Aquí el ISO importa más que todo lo demás

Tiene sentido preguntarse por qué no se ha utilizado una cámara más reciente. Al fin y al cabo, Nikon tiene modelos como la Nikon Z9 que, sobre el papel, superan ampliamente a la D5 en muchos aspectos.

La respuesta está en el contexto. En una misión espacial no se trata de probar lo último, sino de trabajar con lo que sabes que va a responder. La Nikon D5 lleva años siendo utilizada y adaptada para condiciones extremas, y eso incluye la radiación, los cambios de temperatura y la ausencia de margen para errores.

Además, hay un detalle importante que a menudo se pasa por alto: la evolución de las cámaras en la última década no ha sido uniforme. Se ha mejorado mucho en velocidad, autofocus o vídeo, pero no siempre en rendimiento puro a ISOs altos. Y aquí, la Nikon D5 sigue siendo especialmente sólida.

La Tierra como casi nunca se ve

Uno de los aspectos más interesantes de estas imágenes es que muestran algo que no solemos ver. La Tierra no aparece completamente iluminada, sino parcialmente en sombra. Esto permite que el fondo estelar sea visible y que la atmósfera genere ese efecto de halo que convierte la imagen en algo casi irreal.

También es lo que hace posible captar fenómenos como las auroras desde una perspectiva completamente distinta. Ese brillo verdoso en el borde del planeta no es un efecto añadido ni una exageración del procesado: es información real capturada en condiciones extremadamente complicadas.

Para conseguirlo, la cámara tiene que ser capaz de controlar un rango dinámico muy exigente y, sobre todo, mantener el tipo cuando la luz es mínima. Aquí es donde se entiende por qué una cámara como la Nikon D5 sigue siendo muy útil en 2026.

Mucho más que una sola cámara

Aunque la Nikon D5 es la protagonista, no es la única cámara presente en la misión. La Nikon Z9 también forma parte del equipo, aunque su papel es más experimental. La idea es evaluar cómo se comporta su sensor en condiciones de radiación para futuras misiones.

Además, los propios astronautas están utilizando dispositivos como el iPhone 17 Pro Max para documentar el día a día dentro del módulo Orion. No hay una colaboración directa en este caso, sino más bien una elección práctica que refleja hasta qué punto la fotografía móvil se ha integrado en cualquier entorno.

Todo esto dibuja un escenario bastante curioso: una misión que combina una réflex de hace diez años, una sin espejo de última generación y un smartphone. Tres formas distintas de entender la fotografía conviviendo en el mismo lugar, a cientos de miles de kilómetros de la Tierra.

La cámara adecuada, no la más nueva

Esta historia tiene algo de bofetada suave al discurso habitual de la industria. No porque la tecnología no avance, sino porque recuerda que no siempre lo más nuevo es lo más adecuado.

En fotografía espacial, la prioridad es clara: fiabilidad, consistencia y comportamiento predecible. Y en ese terreno, la Nikon D5 sigue cumpliendo perfectamente.

Probablemente esta sea una de sus últimas grandes apariciones. Las próximas misiones ya apuntan hacia sistemas basados en cámaras más modernas, con la Nikon Z9 como base de desarrollo. Pero despedirse con una imagen que ya está dando la vuelta al mundo no es precisamente un mal cierre.

Porque al final, más allá de sensores, procesadores o especificaciones, lo que queda es la fotografía. Y en este caso, la cámara ha hecho exactamente lo que tenía que hacer.

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