Hay objetivos que pasan sin pena ni gloria y otros que se convierten en referencia obligada. El Nikon Z 24-70 f2.8 II pertenece a ese segundo grupo, porque el zoom estándar 24-70 mm f/2.8 lleva décadas siendo la herramienta con la que se mide cualquier sistema full frame serio. Es el objetivo comodín: bodas, prensa, viajes, retratos improvisados… lo cubre casi todo y, cuando solo puedes meter un zoom en la mochila, suele ser este.
La primera versión del 24-70 f/2.8 S ya era un fijo para muchos usuarios de Nikon Z, pero el mercado no espera. Sony lanzó su 24-70 GM II más ligero y rápido, Canon apostó por un RF 24-70 f/2.8 con estabilizador que se ha hecho fuerte entre los profesionales, y Nikon no podía quedarse mirando. La respuesta llega en forma de esta segunda generación, que no pretende reinventar nada, sino mejorar donde hacía falta: zoom interno, un motor de enfoque Silky Swift que promete un salto de velocidad y silencio, y un rediseño óptico que apunta a un plus de nitidez en sensores de alta resolución.
Sobre el papel puede sonar a evolución discreta, pero los detalles pesan. Con 675 gramos, el NIKKOR Z 24-70mm f/2.8 S II es el más ligero de su clase, mantiene siempre el mismo tamaño gracias al zoom interno y suma mejoras pensadas para vídeo, desde un menor “focus breathing” hasta un nuevo parasol que hace más fácil trabajar con filtros. Nikon lo presenta como su primer zoom de “segunda generación” en la serie Z, y lo cierto es que sí hay motivos para prestarle atención.

Tabla de especificaciones del Nikon Z 24-70 f2.8 II
| Montura | Nikon Z (full frame FX) |
| Distancia focal | 24-70 mm |
| Apertura máxima | f/2.8 constante |
| Construcción óptica | Elementos ED y asféricos de doble cara, recubrimientos ARNEO y meso-amorfo |
| Palas del diafragma | 11 (redondeadas) |
| Distancia mínima de enfoque | 0,24 m (24 mm) / 0,33 m (70 mm) |
| Ampliación máxima | 0,32x (en 70 mm) |
| Sistema de AF | Motor Silky Swift (SSVCM), multi-focusing |
| Zoom | Interno, cuerpo no se extiende |
| Anillos de control | Zoom, enfoque, anillo configurable (desactivable) |
| Interruptores | Límite de enfoque (0,33 m en todo el rango) |
| Dimensiones | Ø 89 mm x 125 mm (aprox.) |
| Peso | 675 g |
| Parasol | HB-117 con trampilla para filtros |
| Sellado | Resistente a polvo, humedad e inclemencias |
Construcción y diseño: la magia del zoom interno
El gran titular de esta segunda generación es el zoom interno. Mientras que el Canon RF 24-70mm f/2.8L IS USM y el Sony FE 24-70mm f/2.8 GM II mantienen el diseño clásico con extensión del tubo al girar el anillo, Nikon ha decidido romper la norma y apostar por un cuerpo que se mantiene compacto en todo momento. Esto no es solo un capricho técnico: implica que el centro de gravedad permanece constante, algo que agradecen quienes trabajan con gimbals o rigs de vídeo, y reduce además la exposición de piezas móviles al polvo y la humedad, aumentando la resistencia general del conjunto.
A esta mejora se suma un dato que también inclina la balanza: el peso. Con 675 gramos, el nuevo NIKKOR se convierte en el más ligero de su categoría. La diferencia con el Canon, que ronda los 900 g, es evidente, y también adelanta ligeramente al Sony, que se queda en unos 695 g. Puede parecer un detalle menor sobre el papel, pero cualquiera que cargue la mochila durante horas sabe que esos 20 o 30 gramos de menos acaban marcando la diferencia en una jornada de trabajo. Aquí Nikon no solo ha afinado el diseño, sino que ha demostrado que es posible mantener la robustez profesional recortando gramos y ofreciendo un objetivo más equilibrado en mano.
Autofoco: nuevo motor y más músculo
Otro cambio importante es el motor de enfoque. Estrena el Silky Swift Voice Coil Motor (SSVCM), el primero en un zoom de la serie Z. Nikon promete que es cinco veces más rápido y un 50 % más silencioso que en la primera versión. Además, el seguimiento al hacer zoom es un 60 % más ágil.
Si en la primera generación el AF ya cumplía sobradamente, aquí quieren dejar claro que no solo están al nivel de Sony —que presume de un AF con IA casi omnisciente en su 24-70 GM II—, sino que también superan a Canon, que se apoyaba en la estabilización del cuerpo más que en la velocidad pura del objetivo.
Óptica y calidad de imagen
Nikon no ha escatimado en cristal. El rediseño óptico reduce el número de elementos, pero mantiene la corrección con lentes ED y asféricas de doble cara, además de los recubrimientos ARNEO y meso-amorfo que ya vimos en teles largos de la marca. El objetivo está pensado para rendir al máximo con los 45 y 60 megapíxeles de las Nikon Z8 y Nikon Z9, y en teoría debería dejar de lado ese puntito de microcontraste más flojo que tenía la primera versión a máxima apertura.
El diafragma de 11 palas también es una declaración de intenciones: bokeh suave, circular y con transiciones de luz más graduales. Nikon se ha tomado en serio la competencia porque tanto Canon como Sony también ofrecen un bokeh muy agradable en sus 24-70 de segunda hornada. Aquí la batalla va a ser cuestión de matices más que de grandes diferencias.

Uso real: vídeo, macro improvisado y ergonomía
Para los videógrafos, el zoom interno es oro: nada de reequilibrar gimbals cada vez que cambias de focal. Además, se ha reducido el focus breathing, así que los cambios de plano no parecen un efecto extraño.
En foto, la distancia mínima de enfoque es de 0,24 m en 24 mm y 0,33 m en 70 mm, con una magnificación máxima de 0,32x. No es un macro real, pero permite acercarse lo suficiente para retratos de detalle o planos creativos sin tener que recurrir a otro objetivo.
En mano, promete ser más equilibrado y menos cabezón que su antecesor, algo que también marcará la diferencia en largas sesiones de boda o reportaje. Y detalles como el nuevo parasol HB-117 con trampilla para filtros son un guiño práctico para quienes trabajan con ND variables en vídeo.

Nikon afila su Z 24-70 f2.8 II para competir en serio
El Nikon Z 24-70 f2.8 II no llega para reinventar la rueda, sino para pulirla justo donde más hacía falta. Frente al Sony FE 24-70mm f/2.8 GM II, Nikon saca pecho con un peso más ligero y la ventaja del diseño interno, que evita los estiramientos incómodos y facilita el trabajo en vídeo. Contra el Canon RF 24-70mm f/2.8L IS USM, la carta ganadora está en el nuevo motor Silky Swift, que ofrece un enfoque más rápido, silencioso y con mejor seguimiento al hacer zoom, justo en el terreno donde Canon confiaba en su estabilizador para compensar. Y en la pelea con el recién llegado Sigma 24-70mm f/2.8 DG DN Art II, Nikon apuesta por la ergonomía: aunque Sigma sigue siendo un imán para quienes buscan calidad a menor precio, el zoom interno y la ligereza del NIKKOR le dan un aire más profesional y pensado para vídeo.
Si miramos hacia dentro, comparado con su propio predecesor, las diferencias pueden sonar discretas sobre el papel, pero en la práctica son justo las que los fotógrafos y videógrafos van a notar: menos peso en la mochila, un comportamiento más equilibrado en rigs de vídeo, un bokeh más redondo gracias al diafragma de 11 palas y un AF más resolutivo que responde a las exigencias de cuerpos como la Z8 o la Z9. No es un cambio de era, pero sí un paso firme para que Nikon pueda mirar de tú a tú a las alternativas de Canon, Sony y Sigma, sin complejos y con argumentos sólidos para volver a ser protagonista.
En el fondo, lo que Nikon ha hecho es actualizar su zoom estrella para mantenerlo en la pelea de los pesos pesados. Y esa mezcla de ligereza, precisión y refinamiento óptico lo coloca de nuevo en la liga de los objetivos de referencia, no solo dentro del ecosistema Z, sino también en la comparación directa con sus rivales más feroces.




