Espejito, espejito… dime quién desenfoca más entre todas las sin espejo. Así empieza nuestro análisis, medio en broma, pero con toda la razón. Porque hay cristales que impresionan, y luego está el frontal del nuevo Sigma 135mm f1.4 Art. Una lente de 105 mm de diámetro que parece un faro antiniebla montado sobre tu mirrorless. No es discreto, no es ligero, y desde luego no es barato. Pero ¿importa eso cuando cada retrato parece sacado de una cámara de formato medio? Spoiler: no mucho.
Sigma lo ha vuelto a hacer. Y esta vez lo ha hecho con ganas. Hablamos del primer 135 mm f/1.4 con enfoque automático para cámaras sin espejo. Ni adaptadores, ni híbridos, ni versiones recicladas: un objetivo diseñado desde cero para mirrorless full frame, con versiones para montura Sony E y L-Mount. Y con eso sobre la mesa —o sobre el trípode, mejor dicho—, lo que tenemos es probablemente el teleobjetivo fijo más espectacular que puedes comprar ahora mismo para retrato.
Pesa 1,4 kilos, sí. No es precisamente un pancake. Pero a cambio te ofrece una nitidez insultante desde f/1.4, un desenfoque tan suave que parece pintado con aerógrafo, un sistema de enfoque dual HLA que responde como un resorte, y una construcción que da la sensación de que puedes clavar clavos con él si hace falta. Lo hemos probado en localización, en exteriores, en plano corto, en cuerpo entero… y todo apunta a lo mismo: este Sigma ha venido a marcar territorio.

Un cristal frontal que parece una piscina
Lo primero que llama la atención, inevitablemente, es el enorme frontal de 105 mm de diámetro. No es solo para impresionar: está ahí para dejar pasar toneladas de luz y conseguir ese bokeh tan marcado que caracteriza a este 135mm. Al montar la cámara y mirar por el visor, no piensas en diafragmas ni en grupos ópticos. Piensas en lo suave que se diluye el fondo, en lo bestia que es la separación del sujeto, en lo mucho que se parece esa imagen a la que obtendrías con una Fujifilm GFX o una Hasselblad.
Porque sí, el bokeh es el protagonista absoluto. No solo por cantidad, también por calidad. Nada de bordes duros ni círculos deformados: incluso en los extremos del encuadre, el desenfoque se mantiene limpio y circular. Sigma ha metido aquí 13 palas de diafragma redondeadas, dos lentes asféricas de pulido quirúrgico y cuatro cristales FLD para eliminar aberraciones cromáticas, viñeteo y cualquier excusa para no disparar a plena apertura.
¿Y la nitidez? Pues eso es lo otro que sorprende: a f/1.4 ya está afilado como un bisturí. Incluso en retratos con mucho detalle (pestañas, barba, textura de piel), clava el foco con un contraste micro que parece irreal. A veces hasta parece que el punto de enfoque se ha embellecido digitalmente. Y no, no hay retoques ni IA aquí: es solo óptica de verdad.

Enfoque dual HLA: rápido, preciso… y sí, silencioso
Uno de los miedos habituales con ópticas tan grandes y luminosas es el enfoque. Si el grupo óptico pesa mucho, cuesta moverlo. Pero aquí Sigma se ha sacado de la manga un sistema dual HLA (High-response Linear Actuator) que mueve cada grupo de enfoque con su propio motor lineal. ¿El resultado? Nada de titubeos, nada de “caza” ni de lags. En nuestras pruebas, el AF fue inmediato, tanto en foto como en vídeo.
En primeros planos grabando vídeo, incluso cuando nos movíamos rápido hacia y desde cámara, el objetivo seguía bien el ritmo. Eso sí, tiene algo de “respiración” al enfocar, como era de esperar. Pero es progresiva, suave y en ningún caso problemática para grabaciones estándar. Y por supuesto, es totalmente compatible con Eye AF, AF-C y seguimiento por IA, tanto en Sony como en L-Mount.

No es ligero, pero se hace querer
Hablemos de lo evidente: es un objetivo pesado y cabezón. No largo, pero sí voluminoso y frontalmente descompensado. Montado en una cámara pequeña tipo Sony A7C II o Lumix S1R II, la ergonomía se resiente. Pero si usas cuerpos con empuñadura más seria, y le quitas el collar de trípode tipo Arca-Swiss que viene incluido, la cosa mejora bastante.
Ese collar, por cierto, se desmonta fácilmente y añade estabilidad si trabajas con trípode o gimbal. El parasol también está a la altura: hecho en CFRP (plástico reforzado con fibra de carbono), se bloquea con botón y protege bien sin añadir demasiado peso. También tenemos anillo de diafragma físico (con clics o sin ellos, ideal para vídeo), dos botones AFL configurables y selector de modo AF/MF. Todo lo que esperas de un objetivo pro, aquí lo tienes.
¿Sellado? Por supuesto: resistente a polvo y salpicaduras, con recubrimiento antiagua y antigrasa en la lente frontal. Hemos disparado en exteriores sin miedo, y se agradece no tener que preocuparse por cada gota de humedad.
¿Y para qué tipo de foto?
Sigma dice que está pensado para retrato, fotografía social y bodas. Y tiene sentido. Para retrato es una delicia, tanto en primer plano como en cuerpo entero. La compresión de los 135 mm ayuda a estilizar rostros y figuras, y el bokeh convierte cualquier fondo vulgar en una mancha agradable. En ese sentido, es tan bueno que a veces parece que le mete un filtro embellecedor a la escena.
¿Para bodas? Con matices. No es un objetivo para llevar colgado todo el día. Es grande, pesa, y al ser un fijo largo, te obliga a retroceder bastante si no quieres cortar cabezas. Pero para momentos clave, como el posado, la ceremonia o los retratos de pareja en exteriores, puede ser un arma definitiva. El fondo lo parte en dos, el enfoque lo clava y el resultado es puro cine.
Incluso en situaciones más creativas —flores, hojas, gotas de agua, aspersores— nos ha dado imágenes con una atmósfera brutal. De esas que huelen a galería. O a foto de concurso. O a “mírame, que esto está hecho con un Sigma 135”.
Veredicto: una locura hermosa
No sabemos si este Sigma 135mm f1.4 ART redefine la fotografía de retrato, como dice Sigma. Pero lo que sí sabemos es que marca un antes y un después dentro del catálogo Art. Es el teleobjetivo fijo más salvaje que han lanzado para sin espejo, después del Sigma 200 f2 ART, y probablemente uno de los más bonitos de usar y de ver.
No es barato, no es ligero, y no es para todo el mundo. Pero si lo tuyo es el retrato serio, y quieres esa estética de desenfoque imposible sin pasarte al formato medio, aquí tienes tu óptica definitiva.




