La Sony A7R VI no lo tenía fácil. Su predecesora ya era una cámara tremendamente competente para fotografía de paisaje, publicidad, moda o producto, así que la pregunta era inevitable: ¿cómo mejoras una cámara que ya estaba entre las mejores del mercado en aquello para lo que había sido diseñada?
Después de un uso intenmso, la respuesta que hemos encontrado no está en los 66,8 megapíxeles. Evidentemente, ahí hay una evolución, pero no es la que más cambia la experiencia de uso. La sensación que nos ha dejado esta cámara es que Sony ha querido transformar la filosofía de la serie A7R. Sigue siendo una cámara donde la resolución manda, pero ya no vive únicamente de ella.
Durante la prueba hemos querido sacarla de su zona de confort. Hemos disparado ráfagas, fotografiado sujetos en movimiento, grabado vídeo, trabajado en escenas con muchísimo contraste y utilizado objetivos de diferentes tamaños para comprobar si todas esas novedades que aparecen en la ficha técnica realmente se traducen en una mejor cámara. Y la respuesta, en la mayoría de apartados, es que sí.
Nuestra primera conclusión
Después de probarla, tenemos bastante claro que los 66,8 megapíxeles no explican por sí solos esta cámara. El sensor apilado, la velocidad de lectura, la ráfaga y el nuevo sistema de enfoque modifican mucho más su personalidad que ese aumento de resolución.
Calidad de imagen: una resolución por encima de la competencia
Cuando una cámara ofrece casi 67 megapíxeles, es fácil caer en la tentación de pensar únicamente en el tamaño de los archivos. Sin embargo, basta revisar las primeras fotografías para entender que aquí la resolución tiene bastante más sentido que el simple hecho de presumir de una cifra.
El nivel de detalle que es capaz de registrar este nuevo sensor es extraordinario. En paisaje, arquitectura o fotografía de producto puedes ampliar la imagen una y otra vez y seguir encontrando textura donde otras cámaras ya empiezan a quedarse sin información.
El recorte deja de ser un problema
Hay algo que siempre hemos agradecido de la serie A7R y que ahora sigue siendo una de sus grandes virtudes: la enorme libertad que ofrece durante la edición.
En varias fotografías de paisaje terminamos realizando recortes bastante agresivos simplemente para comprobar hasta dónde podíamos llegar. La sorpresa fue comprobar que, incluso reduciendo mucho el encuadre original, seguíamos obteniendo archivos perfectamente utilizables para impresión o publicación.
Para fotógrafos de naturaleza también supone una ventaja enorme. No siempre es posible acercarse al sujeto, y disponer de semejante resolución permite convertir un recorte en una fotografía completamente válida.
Más resolución… pero también mejores archivos
Lo curioso es que, después de varios días utilizándola, hemos terminado hablando bastante menos de los megapíxeles de lo que imaginábamos.
La calidad de imagen sigue siendo espectacular, pero la verdadera sensación es que Sony ha trabajado para que todo lo que rodea a ese sensor esté al mismo nivel. Porque tener muchos megapíxeles sirve de poco si después la cámara no es capaz de acompañarlos con una buena velocidad de lectura, un enfoque fiable o un rango dinámico sobresaliente.
Lo comprobamos durante la prueba
Hemos realizado recortes bastante agresivos en fotografías de paisaje y sujetos lejanos. Incluso después de eliminar una parte importante del encuadre original, los archivos conservan detalle suficiente para impresión, web y publicaciones editoriales.
Es especialmente útil en naturaleza: cuando el sujeto no permite acercarse más, esos megapíxeles empiezan a justificar su existencia.
El nuevo sensor apilado cambia la personalidad de la cámara
Por primera vez encontramos un sensor Full Frame retroiluminado y apilado en la serie A7R. Dicho así puede sonar a una mejora técnica más, pero basta empezar a utilizar la cámara para darse cuenta de que cambia completamente su comportamiento.
El rolling shutter deja de ser una preocupación constante
Las generaciones anteriores siempre tenían una limitación bastante clara. Cuando utilizábamos el obturador electrónico en escenas rápidas aparecía el conocido efecto rolling shutter. Era fácil encontrar deformaciones en sujetos en movimiento y eso hacía que, en muchas ocasiones, termináramos recurriendo al obturador mecánico.
Con esta Sony A7R VI la historia cambia por completo. Durante nuestras pruebas buscamos precisamente esas situaciones donde la A7R V sufría más. Personas caminando rápido, bicicletas, ráfagas continuas… y la diferencia aparece desde los primeros minutos. La lectura del sensor es muchísimo más rápida y eso hace que el obturador electrónico pase de ser una opción puntual a convertirse en una herramienta realmente útil.
No significa que el rolling shutter haya desaparecido por completo, pero sí se ha reducido hasta un punto donde deja de condicionar la forma de fotografiar.
Ya no parece una cámara “lenta”
Durante años, la serie A7R ha estado asociada a un tipo de fotografía muy concreto: paisaje, estudio, publicidad o moda. En cuanto alguien hablaba de deporte o fauna, automáticamente aparecían otros modelos dentro del catálogo de Sony.
Después de probar esta Sony A7R VI, esa idea empieza a quedarse anticuada. No porque haya dejado de ser una cámara de alta resolución, sino porque ahora resulta mucho más rápida, más reactiva y mucho más cómoda en situaciones donde antes simplemente no brillaba.
La mejora que cambia la cámara
La respuesta corta es sencilla: lee la información mucho más rápido. Esto reduce las deformaciones provocadas por el rolling shutter, permite utilizar mejor el obturador electrónico y hace posible disparar ráfagas de 30 fps sin perder continuamente la imagen del visor.
Ráfaga y precaptura: por fin aprovecha todo el potencial del sensor
Sobre el papel impresiona leer que esta cámara alcanza 30 fotografías por segundo. Pero las cifras, por sí solas, dicen bastante poco.
Lo realmente interesante es comprobar que esa velocidad puede mantenerse disparando archivos RAW de casi 67 megapíxeles sin que la cámara transmita sensación de ir al límite.
Una ráfaga pensada para situaciones reales
Durante la prueba realizamos varias secuencias largas utilizando el obturador electrónico y la cámara respondió bastante mejor de lo que esperábamos.
El buffer aguanta aproximadamente unos tres segundos disparando a máxima velocidad antes de empezar a llenarse. Puede parecer poco sobre el papel, pero cuando hablamos de archivos de semejante tamaño, la realidad es que ofrece margen suficiente para la mayoría de situaciones de acción.
Más importante aún es la sensación de fluidez. La cámara dispara, procesa y responde con una naturalidad que no recordábamos en generaciones anteriores.
La precaptura es realmente útil
Manteniendo el disparador a medio recorrido, la cámara comienza a guardar imágenes en memoria antes incluso de realizar la fotografía definitiva. Cuando finalmente pulsamos el disparador, también recupera ese instante anterior.
Puede parecer una función secundaria hasta que intentas fotografiar un ave levantando el vuelo o un deportista iniciando un salto. En ese momento entiendes perfectamente por qué Sony ha decidido incorporarla a esta generación.

Enfoque: la inteligencia artificial deja de ser una palabra de marketing
Sony lleva varias generaciones hablando de inteligencia artificial aplicada al enfoque. Es una expresión que hemos escuchado tantas veces que resulta fácil pensar que estamos simplemente ante una evolución más del sistema AF. Sin embargo, después de utilizar esta Sony A7R VI durante varios días, tenemos la sensación de que aquí sí hay un salto importante.
No porque enfoque más rápido, que también, sino porque ahora resulta mucho más difícil conseguir que la cámara se equivoque.
El seguimiento inspira mucha confianza
Uno de los ejercicios que más repetimos durante la prueba fue intentar “engañar” al sistema de enfoque. Sujetos cruzándose delante de la cámara, personas caminando unas detrás de otras o modelos girando continuamente la cabeza.
En generaciones anteriores era relativamente sencillo que el enfoque cambiara de un sujeto a otro cuando aparecían personas con una apariencia similar dentro del encuadre. En esta ocasión nos ha sorprendido la facilidad con la que mantiene fijado el sujeto original incluso cuando la escena empieza a complicarse.
También hemos notado una mejora cuando el sujeto ocupa muy poca superficie dentro del encuadre. La cámara identifica antes la cabeza y mantiene el seguimiento con bastante más decisión que en modelos anteriores.
No es magia. En situaciones extremadamente complejas sigue pudiendo equivocarse, pero transmite mucha más confianza y permite concentrarte en la fotografía en lugar de estar pendiente continuamente del punto de enfoque.
Una cámara mucho más abierta a nuevos fotógrafos
Quizá sea aquí donde mejor se entiende la evolución de esta Sony A7R VI. Hasta ahora era una cámara fantástica para quien trabajaba con sujetos relativamente previsibles. Moda, estudio, paisaje, arquitectura… disciplinas donde el enfoque nunca suponía un gran reto.
Ahora empieza a mirar claramente hacia otros perfiles. Fotógrafos de fauna, deportes o naturaleza encontrarán un sistema AF mucho más preparado para seguir acciones rápidas, algo que hasta hace relativamente poco parecía reservado a la serie A1 o a las A9.
No creemos que vaya a sustituir a esas cámaras para un fotógrafo deportivo profesional, pero sí creemos que muchos usuarios ya no tendrán que renunciar a la resolución para disfrutar de un enfoque realmente competitivo.
Enfoque probado en situaciones reales
Probamos el seguimiento con personas cruzándose, sujetos pequeños dentro del encuadre y cambios continuos de posición. La cámara mantuvo el sujeto original con una persistencia mayor que la generación anterior, incluso cuando aparecían otras personas delante.
No es que la inteligencia artificial haga la fotografía por ti. Lo que hace es permitirte pensar menos en el enfoque y bastante más en el encuadre.
El rango dinámico nos ha parecido la mayor evolución de toda la cámara
Si tuviéramos que quedarnos con una única característica después de varios días utilizándola, probablemente no hablaríamos del sensor apilado, ni de la ráfaga, ni siquiera de los casi 67 megapíxeles.
Hablaríamos del rango dinámico.
Recuperar sombras parece casi hacer trampas
Hay una fotografía que resume perfectamente nuestra experiencia con esta cámara. Era una escena con un contraste enorme. El suelo estaba correctamente expuesto mientras gran parte del resto de la imagen permanecía completamente en sombra. Al mirar el visor dimos por hecho que esas zonas oscuras apenas conservarían información.
Cuando abrimos el RAW en el ordenador llegó la sorpresa. Las sombras seguían teniendo textura, color y una cantidad de detalle que, sinceramente, no esperábamos encontrar. No hablamos de recuperar una ligera diferencia de exposición. Hablamos de archivos que permiten trabajar con muchísimo margen sin que la imagen empiece a desmoronarse.
Nos ocurrió varias veces durante la prueba y siempre terminábamos con la misma sensación: esta cámara aguanta muchísimo más de lo que parece cuando estás fotografiando.
Un sensor pensado para editar sin miedo
En paisaje, por ejemplo, puedes priorizar perfectamente las altas luces sabiendo que después tendrás margen para recuperar buena parte de las sombras durante el revelado.
En fotografía de interiores o arquitectura ocurre algo parecido. Incluso en escenas realmente complicadas, donde normalmente habría que recurrir a varias exposiciones, la Sony A7R VI consigue sacar adelante una cantidad de información sorprendente en un único archivo.
Sony habla de hasta 16 pasos de rango dinámico y, aunque siempre conviene tomar este tipo de cifras con cierta prudencia, lo cierto es que la sensación durante nuestras pruebas ha sido exactamente esa: estamos ante uno de los sensores con mayor capacidad de recuperación que hemos utilizado en una cámara de este formato.

Ergonomía: Sony por fin ha encontrado el equilibrio
Si llevas años utilizando cámaras Sony, probablemente entiendas perfectamente lo que vamos a decir. Durante mucho tiempo las A7 eran cámaras extraordinarias… con una ergonomía simplemente correcta.
Nunca llegaron a resultar incómodas, pero siempre daba la sensación de que el agarre podía ser algo mejor, sobre todo cuando montábamos objetivos grandes o pasábamos varias horas fotografiando. Con esta Sony A7R VI creemos que Sony ha dado definitivamente con la tecla.
El nuevo grip se nota desde el primer minuto
Puede parecer un cambio menor hasta que sujetas la cámara por primera vez. El agarre es más profundo, el dedo corazón encuentra un apoyo mucho más natural y la sensación general es que la cámara queda mejor asentada en la mano.
Durante nuestras pruebas utilizamos varios objetivos de cierto tamaño y, en todos ellos, la sensación fue de mayor equilibrio respecto a generaciones anteriores. Es una mejora que cuesta explicar con cifras, pero muy fácil de apreciar cuando llevas varias horas fotografiando.
Hay pequeños detalles que terminas agradeciendo
Los botones retroiluminados son un buen ejemplo. Puede parecer una curiosidad hasta que haces fotografía nocturna, una boda o cualquier trabajo con muy poca luz. En ese momento descubrir que puedes localizar rápidamente determinados controles sin apartar la vista de la escena es una de esas pequeñas comodidades que terminas echando de menos cuando vuelves a otra cámara.
Lo mismo ocurre con el visor electrónico. Sus 9,44 millones de puntos ofrecen una imagen espectacular. La sensación de naturalidad es enorme y, unido a la reproducción en 10 bits, consigue que la experiencia al fotografiar se acerque más que nunca a la de un visor óptico… pero con todas las ventajas que aporta un visor electrónico moderno.
Una mejora que se nota desde el primer minuto
Sony llevaba años mejorando poco a poco la ergonomía de la familia A7, pero creemos que esta A7R VI supone el mayor salto de toda la serie. El nuevo grip es más profundo, el apoyo para los dedos resulta mucho más natural y la sensación con objetivos grandes es claramente mejor.
Estabilización: esos 8,5 pasos no son solo una cifra
Sony habla de hasta 8,5 pasos de compensación, pero la realidad siempre depende de cómo se comporte la cámara cuando sales a fotografiar. Y, en este caso, las sensaciones han sido realmente buenas.
Durante la prueba realizamos fotografías a velocidades que, hace unos años, habríamos descartado directamente por el riesgo de trepidación. Evidentemente, no existe ningún estabilizador capaz de hacer milagros, pero la tasa de imágenes perfectamente aprovechables ha sido muy alta.
También se nota cuando grabamos vídeo
Donde más nos ha convencido es trabajando a pulso. La cámara no solo compensa los movimientos habituales de arriba abajo o de izquierda a derecha, sino que también corrige con mucha eficacia esos pequeños giros de muñeca que suelen delatar una grabación realizada sin ningún tipo de soporte.
Lo interesante es que no transmite esa sensación artificial que producen algunos sistemas de estabilización demasiado agresivos. El movimiento sigue siendo natural, simplemente mucho más limpio. Para quien acostumbre a grabar contenido sin gimbal, es una mejora que agradecerá desde el primer día.
Nuestra prueba
Más allá de los 8,5 pasos que anuncia Sony, lo importante es que durante la prueba pudimos trabajar a velocidades muy bajas con una tasa de fotografías nítidas sorprendentemente alta. También nos ha gustado mucho cómo corrige pequeños movimientos al grabar vídeo a pulso.
No hace milagros, pero sí permite olvidarte mucho más de la velocidad mínima de disparo y concentrarte en la fotografía.
Vídeo: por fin está a la altura de una cámara híbrida profesional
Durante mucho tiempo las A7R siempre habían tenido un pequeño asterisco cuando hablábamos de vídeo. Podían grabar con una calidad excelente, pero el rolling shutter acababa limitando bastante determinadas situaciones. Si había movimientos rápidos de cámara o sujetos desplazándose con velocidad, aparecían deformaciones que resultaban difíciles de ignorar.
El sensor apilado vuelve a ser el protagonista
Una vez más, todo gira alrededor del nuevo sensor. La lectura mucho más rápida hace que las grabaciones resulten bastante más limpias y naturales. Los paneos rápidos ya no generan esas deformaciones tan evidentes que encontrábamos en la generación anterior y eso cambia completamente la experiencia de uso.
Después de grabar varias secuencias alternando fotografía y vídeo, da la sensación de estar utilizando una cámara mucho más equilibrada.
No se trata únicamente de que pueda grabar en 8K a 30 fotogramas por segundo o en 4K hasta 120 fps. Lo importante es que ahora realmente apetece utilizarla para vídeo.
Una cámara preparada para largas jornadas de grabación
Otro aspecto que nos ha parecido especialmente interesante es la mejora en la disipación térmica.
Sony anuncia hasta 120 minutos de grabación en 8K, y aunque no todos los usuarios van a necesitar sesiones tan largas, sí transmite la sensación de que la cámara está mucho mejor preparada para trabajos profesionales donde no puedes estar pendiente continuamente de posibles sobrecalentamientos.
A eso se suma el nuevo ISO Dual en vídeo, que permite mantener una imagen mucho más limpia cuando trabajamos con sensibilidades elevadas.
No convierte a la Sony A7R VI en una cámara específica para cine, pero sí consigue algo que nos parece mucho más importante: eliminar buena parte de las renuncias que antes implicaba elegir una A7R frente a otros modelos de la gama.
La evolución más evidente
El nuevo sensor apilado no solo mejora la fotografía. También reduce muchísimo el rolling shutter en vídeo y convierte a la A7R VI en una cámara mucho más agradable para grabar. A eso se suman el 8K 30p, el 4K 120p, el ISO Dual y una mejor disipación térmica.
La nueva batería era un cambio necesario
Probablemente sea una de las novedades que más debate ha generado desde su presentación. Cambiar de batería siempre provoca cierta resistencia entre quienes ya tienen varias unidades de generaciones anteriores. Es comprensible. Nadie quiere volver a invertir en accesorios que ya tenía.
Sin embargo, después de utilizar la cámara durante varios días, creemos que Sony ha tomado la decisión correcta.
No es solo una batería nueva
El cambio no responde únicamente a una cuestión de autonomía. La nueva batería tiene un diseño completamente diferente y eso también ha permitido rediseñar parte del cuerpo de la cámara y del nuevo grip vertical.
Puede parecer un detalle menor, pero contribuye a que la empuñadura resulte bastante más cómoda y equilibrada.
Es uno de esos cambios que probablemente generarán críticas durante los primeros meses, pero que dentro de unos años veremos como una evolución completamente lógica.
Una decisión que generará debate
Cambiar de batería nunca gusta, especialmente a quienes ya tienen varias unidades de generaciones anteriores. Sin embargo, el nuevo diseño ha permitido mejorar la ergonomía, el grip vertical y la autonomía. Después de utilizarla, creemos que es uno de esos cambios que dentro de unos años veremos completamente normal.
A veces evolucionar implica dejar atrás la compatibilidad. Y, en este caso, pensamos que Sony ha acertado con la decisión.
Lo que menos nos ha convencido
Hasta ahora hemos hablado de muchas virtudes, pero ninguna cámara es perfecta. La Sony A7R VI tampoco. Y hay un aspecto donde creemos que sigue teniendo margen de mejora.
Los casi 67 megapíxeles también tienen un precio
Cuanta más resolución tiene un sensor Full Frame, más pequeños son sus fotodiodos. Es pura física.
Eso significa que cada uno de ellos recibe menos luz y, cuando empezamos a trabajar con sensibilidades altas, las diferencias respecto a sensores de menor resolución terminan apareciendo.
Durante nuestras pruebas hemos observado que, a partir de ISO 3200, la imagen comienza a perder parte de esa limpieza que tanto nos había gustado a sensibilidades más bajas.
No hablamos de una calidad mala, ni mucho menos. Sigue siendo perfectamente utilizable para muchos trabajos profesionales. Pero sí se aprecia una pérdida de detalle y una presencia mayor de ruido cuando comparamos directamente los archivos con cámaras de menor resolución como una Sony A7 V o una A1.
Era algo que esperábamos encontrar y, sinceramente, creemos que forma parte del peaje lógico que supone trabajar con un sensor de casi 67 megapíxeles.
Si gran parte de tu trabajo consiste en fotografiar con muy poca luz y no necesitas semejante resolución, probablemente existan opciones más adecuadas dentro del propio catálogo de Sony.
Nuestra recomendación
Después de varios días utilizándola en situaciones muy diferentes, tenemos bastante claro qué tipo de fotógrafo sacará todo el partido a esta cámara… y quién probablemente estaría mejor servido con otro modelo de la gama Sony.
Nuestra opinión sobre la Sony A7R VI
La sensación con la que terminamos esta prueba es bastante clara. Sony no ha creado simplemente una A7R con más megapíxeles. Ha conseguido que una familia de cámaras tradicionalmente muy especializada se convierta en una herramienta mucho más versátil.
Ahora sigue siendo una cámara espectacular para paisaje, moda, publicidad o fotografía de producto, pero también empieza a tener mucho sentido para fotógrafos de naturaleza, fauna e incluso determinadas disciplinas deportivas donde hasta ahora era difícil recomendar una A7R como primera opción.
Lo que más nos ha impresionado no han sido los 66,8 megapíxeles. Tampoco la ráfaga de 30 fotografías por segundo. Ni siquiera el nuevo sistema de enfoque.
Ha sido la sensación de que todo funciona con mucha más naturalidad que antes.
El sensor apilado cambia por completo el carácter de la cámara. El rango dinámico está entre los mejores que hemos visto en una Full Frame. La ergonomía mejora claramente respecto a generaciones anteriores. El visor es espectacular y el apartado de vídeo deja de ser ese punto donde siempre había que poner un asterisco.
¿Es perfecta? No. Nos sigue pareciendo que el rendimiento a sensibilidades muy altas es el principal compromiso de una cámara con semejante resolución.
Pero si tu trabajo requiere archivos enormes, un rango dinámico sobresaliente y una cámara capaz de desenvolverse prácticamente en cualquier situación, creemos sinceramente que esta Sony A7R VI es una de las mejores cámaras que Sony ha fabricado hasta la fecha. No porque tenga más megapíxeles que nunca, sino porque, por primera vez, sentimos que la resolución ya no limita todo lo demás.
Sony A7R VI
Nuestra opinión
La Sony A7R VI supone el mayor salto de la familia A7R. Conserva una calidad de imagen espectacular y añade un sensor apilado que cambia completamente su comportamiento en acción, fauna y vídeo. Si realmente necesitas resolución sin renunciar a velocidad y un AF sobresaliente, nos parece la mejor A7R fabricada hasta la fecha.
? Lo mejor
- Calidad de imagen sobresaliente.
- Sensor apilado de 66,8 MP.
- AF con IA muy fiable.
- 30 fps con precaptura.
- Gran ergonomía.
- Vídeo muy mejorado.
? A mejorar
- Ruido desde ISO 3200.
- RAW muy pesados.
- Precio elevado.
- La A1 sigue siendo mejor para deporte extremo.
¿La compraríamos?
Sí. Es una cámara profesional extraordinaria para quienes realmente van a aprovechar todo su potencial.




