Hasta hace bien poco, comprar una tarjeta de memoria era casi un trámite, un gasto menor que añadíamos al carrito al hacernos con una cámara nueva. Sin embargo, el panorama ha cambiado drásticamente y las tarjetas han pasado de ser un accesorio asequible a convertirse en una inversión que requiere planificación. No es solo que los modelos de gama alta como las CFexpress o las SD V90 mantengan sus precios, sino que estamos viendo una tendencia de subida generalizada que afecta incluso a las opciones más básicas de almacenamiento.
Este encarecimiento no es fruto de un capricho de las marcas de fotografía, sino de una carambola logística y tecnológica global. El fotógrafo y el videógrafo profesional se encuentran ahora en un mercado donde el stock de alta capacidad empieza a escasear en los canales habituales y donde las ofertas agresivas a las que estábamos acostumbrados han pasado a mejor vida. Si estás pensando en ampliar tu equipo de almacenamiento, es el momento de entender qué está moviendo los hilos del mercado para que tu flujo de trabajo no se detenga por falta de gigas.
La clave de todo este movimiento está en el NAND Flash, el componente base de cualquier tarjeta. La producción mundial se está desviando de forma masiva hacia otros sectores que pagan mejor por el mismo silicio, dejando a la electrónica de consumo —y por extensión a nuestras cámaras— en un segundo plano. En las próximas líneas vamos a analizar por qué los contratos mayoristas están subiendo hasta un 50% y qué escenario nos espera en 2026, un año que promete ser especialmente complejo para quienes necesiten renovar sus soportes de almacenamiento.

La «tasa IA»: por qué el silicio prefiere los centros de datos
Si buscas un culpable para la subida de precios de tus tarjetas de memoria SD o CFexpress, mira hacia la Inteligencia Artificial. El crecimiento explosivo de los centros de datos y los servidores dedicados a entrenar modelos de IA ha generado una demanda de memoria sin precedentes. Los fabricantes de chips, como Samsung, SK Hynix o Micron, están priorizando la producción de memorias de alto rendimiento para estos gigantes tecnológicos porque los márgenes de beneficio son mucho mayores que en el mercado de consumo.
Esto provoca lo que en la industria ya llamamos un «desvío de obleas». El material necesario para fabricar una tarjeta CFexpress Tipo B de alto rendimiento es el mismo que se utiliza para los discos SSD de nivel empresarial. Al haber menos disponibilidad de este componente para productos de consumo, el precio de fabricación de las tarjetas que usamos en nuestras cámaras sube de forma inevitable. No es que falte tecnología, es que la que hay se está subastando al mejor postor.
CFexpress y SD V90: los estándares que más sufren el encarecimiento
No todas las tarjetas se ven afectadas de la misma manera, pero las que más nos importan a los profesionales son las que peor paradas salen. Las cámaras actuales, que graban en 8K o con bitrates altísimos, exigen una velocidad de escritura constante que solo ofrecen las tarjetas con componentes de primera calidad. Una tarjeta V90 requiere chips de memoria seleccionados que soporten ciclos de trabajo intensos sin sobrecalentarse, y ese es precisamente el material que más escasea ahora mismo.
En el caso de las CFexpress (tanto Tipo A como Tipo B), el problema se agrava. Al ser tarjetas que utilizan el protocolo NVMe (el mismo de los ordenadores modernos), compiten directamente por los mismos recursos que los componentes de PC y servidores. Durante 2025 ya hemos visto cómo los precios se han estabilizado al alza, eliminando esas rebajas cíclicas que antes veíamos cada pocos meses. La realidad técnica es que fabricar una tarjeta de 1 TB hoy es significativamente más caro para marcas como SanDisk, Lexar o Sony de lo que era hace apenas un año.
Comparativa de previsiones de precios (2025 vs. 2026)
En 2025, una tarjeta de memoria CFexpress Tipo B de 1 TB se ha movido de forma estable por encima de los 220–250 €, sin las bajadas puntuales que eran habituales en años anteriores. Las capacidades de 2 TB, que antes aparecían de forma esporádica como producto “tope de gama”, ya se están consolidando como opción real para vídeo profesional, con precios que rara vez bajan de los 400–450 €.
De cara a 2026, la previsión del sector es clara: no habrá correcciones a la baja. Las tarjetas de 1 TB se mantendrán en esos rangos o subirán ligeramente, mientras que las de 2 TB pasarán a ser el nuevo estándar para cámaras de alto bitrate, pero con precios altos y stock limitado. En el caso de las SD V90, la presión será mayor en las capacidades de 128 y 256 GB, que podrían encarecerse o desaparecer parcialmente del catálogo al dejar de ser prioritarias en producción.

Previsión para 2026: ¿Cuándo parará de subir la memoria?
Las noticias que nos llegan de los analistas de mercado no son precisamente alentadoras para el corto plazo. Se espera que durante todo 2026 la escasez de componentes se mantenga, o incluso se agudice, debido a que las nuevas fábricas de semiconductores aún no estarán operativas al 100%. Esto significa que los precios que vemos hoy podrían ser «baratos» comparados con los que veremos dentro de doce meses.
Además, hay un factor añadido: la complejidad de los nuevos estándares. Con la llegada de tarjetas aún más rápidas, los fabricantes están abandonando las líneas de producción de menor densidad para centrarse en capacidades gigantescas (2 TB o más). Esto puede provocar que las tarjetas de capacidad media (128 GB o 256 GB), que son las que más vendemos para el día a día, dejen de ser rentables para las marcas y suban de precio por falta de volumen de fabricación.

Cómo gestionar tus compras de almacenamiento este año
Viendo este panorama, nuestra recomendación en Fotografiarte es clara: no esperes al último momento si tienes una producción importante a la vista o si acabas de comprar una cámara nueva. La estrategia de «ya bajará de precio» no va a funcionar en 2026 como lo hacía en 2022. Es mucho más inteligente invertir hoy en un par de tarjetas de memoria de calidad que intentar ahorrar unos euros dentro de seis meses, cuando probablemente el stock sea más limitado.
Otro consejo profesional es diversificar. No te obsesiones con tener una sola tarjeta de 2 TB si puedes trabajar con dos de 1 TB; a veces el precio por giga es más razonable en capacidades intermedias. Y, sobre todo, huye de las «ofertas milagro» en plataformas dudosas. Con la subida de precios, el mercado de las tarjetas falsificadas está creciendo: si el precio es demasiado bueno para ser verdad, probablemente la tarjeta no cumpla con la velocidad que promete o, peor aún, falle en mitad de un rodaje.




