Hay talleres donde haces fotos… y talleres donde entiendes por qué una imagen puede abrirte puertas en restauración, publicidad o producto. Este Taller de Fotografía Gastronómica Alta Cocina HORECA (3ª edición) entra directamente en la segunda categoría. No es una clase más: es una jornada completa donde se trabaja con cocina real, platos reales y un entorno que no perdona errores. Porque cuando estás fotografiando alta cocina, no vale con que la foto “esté bien”. Tiene que funcionar.
El planteamiento aquí es bastante claro: aprender a mirar la comida como lo hace un profesional. Eso implica entender la luz, el producto, el momento del emplatado y, sobre todo, cómo traducir todo eso en una imagen que tenga intención. Nada de disparar sin pensar. Aquí cada decisión cuenta, desde la temperatura de color hasta el encuadre o el tipo de iluminación que eliges.
Además, hay un detalle que cambia completamente la experiencia: no estás en un estudio montado para la ocasión, estás dentro de una cocina real, trabajando con un chef que no está ahí para posar, sino para cocinar. Y eso obliga a adaptarse, a reaccionar y a tomar decisiones rápidas. Exactamente lo que pasa en el mundo profesional.

Un taller pensado para quien quiere ir un paso más allá
Este no es un curso para empezar desde cero ni para quien quiere hacer cuatro fotos bonitas para Instagram y listo. Está enfocado a quienes ya tienen cierta base —aficionados avanzados o profesionales— y quieren mejorar en un terreno muy concreto: la fotografía gastronómica aplicada a la alta cocina.
Porque aquí no se trata solo de técnica. Se trata de entender cómo funciona el lenguaje visual en gastronomía. Cómo se construye una imagen que no solo enseña un plato, sino que transmite textura, temperatura, intención. Y eso no se aprende viendo vídeos sueltos o copiando esquemas de luz sin contexto.
Durante la jornada se trabaja con platos reales, con tiempos de cocina reales y con un flujo de trabajo que se acerca bastante a lo que ocurre en una sesión profesional. Desde la planificación de la imagen hasta la ejecución final, pasando por el trato del producto o la colaboración con el chef.
Y sí, también hay margen para experimentar. Porque muchas veces la diferencia entre una foto correcta y una foto que funciona está en ese punto donde decides arriesgar un poco más.
Teoría, práctica… y bastante más práctica
El taller arranca con una base teórica que sirve para poner orden a todo: conceptos fundamentales, historia de la fotografía gastronómica, mercado actual y equipo necesario. Pero no se alarga más de lo necesario. Aquí no se viene a escuchar durante horas, se viene a trabajar.
A partir de ahí empieza la parte importante: la práctica. Y no es una práctica de “haz una foto y ya está”. Es un proceso completo donde se analiza cada plato, se decide cómo iluminarlo, desde dónde fotografiarlo y qué se quiere contar con esa imagen.
Se trabaja el encuadre, la dirección de la luz, el estilismo gastronómico y también el vídeo, porque hoy en día es imposible separar ambas cosas. Se prueban esquemas, se corrigen errores y se buscan alternativas. Porque muchas veces hay más de una buena foto… pero hay que saber encontrarla.
También se aborda algo importantísimo: cómo integrar el plato en el espacio. Fotografiar solo comida es una cosa. Fotografiar comida dentro de un entorno, con ambiente, con narrativa… es otra historia completamente distinta.

Aquí también se come (y bastante bien)
En medio de toda esta intensidad técnica hay un momento clave: parar. Durante 90 minutos se deja la cámara a un lado —o no, si no puedes evitarlo— y se pasa al otro lado de la experiencia: el de comensal.
Y aquí no hay trampa. El menú incluido no es un añadido sin más, forma parte de la experiencia. Es cocina real, bien trabajada, con platos que luego has visto pasar por delante de la cámara.
Croquetas de jamón ibérico, alcachofas confitadas con yema curada, tortos con queso de cabra y cecina angus… y unas carrilleras al Pedro Ximénez con parmentier de patata trufada que no necesitan presentación. Rematado con un hojaldre caramelizado con cremoso de limón y gel de ponzu.
Es un descanso, sí, pero también una forma de entender mejor lo que estás fotografiando. Porque no es lo mismo disparar a un plato que entenderlo.
Trabajar con un chef cambia las reglas
Uno de los puntos más interesantes de este taller es la presencia real de un chef y su equipo. No es alguien que deja el plato y se va. Es parte del proceso.
Aquí fotógrafo y chef trabajan juntos. Se ajusta el emplatado, se modifica la presentación si hace falta, se busca el mejor momento para disparar. Es un trabajo conjunto donde ambos persiguen lo mismo: que el plato funcione en cámara.
Esto es clave. Porque en fotografía gastronómica profesional no hay compartimentos estancos. Todo suma: cocina, estilismo, iluminación y ejecución. Y entender esa dinámica es lo que realmente marca la diferencia.
En este caso, además, hablamos de Alberto Martínez, con una trayectoria sólida en cocina gastronómica y experiencia en algunos de los fogones más exigentes del país. Eso se nota en cada plato… y en cómo se trabaja con él.

Quién lo imparte: no es precisamente alguien improvisando
El taller está dirigido por Pablo Gil, fotógrafo especializado en producto e imagen gastronómica con más de 25 años de experiencia. Aquí no hay teoría reciclada ni fórmulas copiadas. Hay oficio.
Ha trabajado con cocina de Estrella Michelin, campañas publicitarias y grandes marcas. Ha sido formador oficial, embajador de Sony y Profoto, y lleva años enseñando fotografía a profesionales que buscan mejorar de verdad.
Eso se traduce en algo muy concreto: sabes que lo que estás aprendiendo tiene aplicación real. No son trucos rápidos ni recetas mágicas. Es una forma de trabajar.

El lugar también cuenta: CoolRooms Palacio de Atocha
El taller se hace en el CoolRooms Palacio de Atocha, y aquí no estamos hablando de una sala blanca con cuatro focos y una mesa plegable. Es un sitio con bastante carácter, de esos que ya te obligan a mirar de otra forma desde que entras. Edificio antiguo, techos altos, mezcla de lo clásico con lo moderno… vamos, que no es neutro, y eso en fotografía gastronómica tiene más importancia de la que parece.
Porque cuando el entorno tiene peso, ya no puedes limitarte a “colocar plato y disparar”. Te toca pensar en el espacio, en cómo entra la luz, en qué haces con el fondo, en si te interesa integrarlo o aislarlo. Y ahí es donde empieza lo interesante, porque te saca de la foto fácil y te mete en algo más cercano a un encargo real.

Además, el propio restaurante —El Patio de Atocha— tiene ese punto de luz natural, de materiales reales y de ambiente cuidado que hace que todo tenga más sentido. No estás fotografiando algo artificial montado para la ocasión, sino platos que funcionan dentro de un contexto, con sus tiempos y sus limitaciones. Y eso, aunque complique un poco la vida, es justo lo que te hace aprender.
Y luego está ese factor que no se puede medir tanto: cuando el sitio acompaña, trabajas de otra manera. Estás más metido, más atento, más fino en las decisiones. No es magia, pero casi. Y al final, quieras o no, se nota en las fotos.
Si te interesa la fotografía gastronómica, aquí pasan cosas
Hay talleres en los que aprendes un par de trucos, haces cuatro fotos y te vuelves a casa contento. Y luego están los que te obligan a pensar un poco más allá, a entender por qué haces lo que haces y a empezar a tomar decisiones con criterio. Este va más por ahí.
Porque no se trata solo de iluminar bonito o de colocar bien un plato. Se trata de entender cómo construir una imagen que funcione, que tenga intención y que diga algo más que “qué buena pinta tiene esto”. Y eso, cuando empiezas a verlo, ya no hay vuelta atrás.
Además, el contexto ayuda: trabajar con un chef, en un entorno real y con platos que no están pensados para “salir del paso” hace que todo tenga más sentido. No es práctica simulada, es una aproximación bastante directa a lo que te vas a encontrar ahí fuera.
Si te interesa la fotografía gastronómica de verdad —no solo como hobby, sino como algo que quieres mejorar o llevar más lejos—, este tipo de talleres son los que marcan la diferencia. Luego ya lo que hagas con eso… es cosa tuya.
Evento: Taller Fotografía Gastronómica Alta Cocina HORECA (3ª edición)
Fecha: 17 de abril de 2026
Horario: De 10:00 a 18:00
Lugar: Hotel CoolRooms Palacio de Atocha (Madrid)
Precio: 90 €
Incluye: Menú completo del chef durante el taller
Plazas: Limitadas




